Fronteras sonoras sobre el océano / Border Sounds over the ocean.

Seleccionado en la convocatoria 
O SILÊNCIO É UM OCEANO DE SONS
de ARTE ESTRANHA 2020 (Brazil)

Un domingo de verano acompañé a mi novia y a un grupo de amigos músicos de la Universidad de California en San Diego (UCSD) a realizar un performance en la playa de San Diego, -la cual hace colindancia con la playa de Tijuana, estás dos playas están divididas solamente por el muro fronterizo- improvisarían con otro grupo de músicos mexicanos del otro lado (cuatro músicos de UCSD y cinco músicos de la licenciatura en Música de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

Yo fungía como encargado de la realización del registro sonoro entre este diálogo de músicos. Más allá de realizar la grabación, me llamó la atención escuchar cómo al otro lado del muro, se captaban las voces de familias divirtiéndose: la campanita del vendedor de paletas; niños gritando. Se podía observar a mucha gente en la playa; del lado estadounidense, sólo captaba el sonido de algunos pájaros, las olas y el viento, no había más gente que los músicos, y un oficial de migración que cuidaba la frontera en su gran camioneta verde con blanco.

La diferencia sonora entre ambos lados era radical: una sola barrera lograba dividir el paisaje sonoro, visual y geográficamente; sin embargo, se compartía la misma arena, el mismo atardecer y el mismo océano.

One Sunday in the summer, I accompanied my girlfriend and a group of musician friends from the University of California San Diego (UCSD) to perform on the beach in San Diego improvising with a group of Mexican musicians on the other side of the beach in Tijuana. These two beaches are divided only by the border wall. There were four musicians from UCSD and five musicians in the Bachelor of Music program at the Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

I was in charge of recording the “dialogue” between the two groups of musicians. There were a lot of people on the Mexican side of the beach. I was struck by the sounds captured from the other side of the wall of families having fun, of the bells of the paleteros and of children yelling. On the American side, the only sounds captured were of birds, waves and wind. There weren’t any people except the musicians and an immigration officer who was guarding the border from his big green and white truck.

The difference in the sounds from the two sides was radical. A single barrier managed to divide the soundscape even though visually and geographically, it was the same sand, the same sunset and the same ocean.

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